“¿Hablas en serio?, ¿por qué vas a ir allá amiga?, ¡estás loca!” u otras cómicas expresiones recibí de respuesta, cuando expresaba mi sueño de ir a China. Todo empezó en el 2008, cuando tuve la oportunidad de conocer un poquito de este inquietante país por medio de una imagen de televisión –quizá las pocas cosas buenas que sacaré de este, a mi parecer, caótico aparato sicario de la creatividad humana –; mientras veía el desarrollo de los Juegos Olímpicos de Beijing. Fue tan impactante para mí aquella inauguración, junto al alegórico diseño del nido de pájaros (Estadio Nacional de Pekín) que mi corazón palpitó más fuerte y me visualicé allí.

El cómo o cuándo, fue un paradigma hasta que regresé de mi memorable experiencia en Estados Unidos como Au Pair y busqué una opción para volver a vivir este intercambio cultural, aunque con temor de que la edad ya no me favoreciera. Entonces, escuché de Angie el camino a seguir a dos; de los que en aquel entonces, aún estaban en mi lista de sueños: “¿Y por qué no viajas a China? Allí, aún tienes opción.” Una sonrisa instantánea se dibujó en mi rostro, y sutilmente miré al cielo en manera de agradecimiento a Dios.

Como la mayoría de todos los logros obtenido a lo largo de mi vida, el camino ha sido arduo y lleno de exquisitas dificultades que me han ayudado a fortalecer diferentes aspectos de mi vida. Sin embargo, debo confesar que mi aterrizaje en Shanghái ha sido de los recorridos más complicados. Y esto no lo digo para que te asustes, al contrario, lo comparto con la intención de inspirarte y retarte a que hagas del tuyo único, pero más fácil o divertido.  

Para lo anterior, requiero contextualizarte un poco con mi realidad de aquel entonces, era Agosto del 2015 cuando enfrentaba con una sonrisa un complejo proceso de salud que en parte, me llevo a aplazar el cronograma para el desarrollo de mi tesis. En pro de cambiar de ambiente decidí ir a la feria de las flores en compañía de mi mejor amiga, y sin saberlo, encontrarme con quien es ahora mi compañero de viaje – “¿sabías que la vida, también es un viaje?”-. Aún recuerdo que su español no era tan fluido, y gracias a Dios mi inglés había mejorado lo suficiente después de vivir más de un año como Au Pair de una maravillosa familia Norteamericana, logrando así hacer de ese casual encuentro; el inicio de nuestra historia. Un año más tarde, celebraba con mi familia la obtención de mi título como Ingeniero Civil, e inertemente di inicio a la búsqueda de la famosa e “indispensable” para muchos, experiencia profesional.

Algunas puertas se abrieron al respecto e imaginé otras, que con ayuda de colegas valientes construimos, y aunque aún falta lo más importante: construir el camino XD, se siente bien ver una opción creada por ti, y no impuesta por otros. También empecé una maestría, que me ocupó tiempo –por supuesto valioso y de calidad – pero que en un momento, alcanzó a nublar el seguir hasta China. Sin embargo, cuando cada noche, con amor hablas con Dios y le pides de corazón, su sabiduría y guía para alcanzar los sueños de tu corazón, bueno, ten la certeza que Él se encarga de presentarte las personas y los recursos para que el darse por vencido sea la utopía y así, hacer Su perfecta voluntad.

De repente, dos bellas almas aparecieron en los tiempos justos y activaron nuevamente mi espíritu aventurero; tocando mi corazón para impulsarme, y recordarme que los sueños sí se pueden hacer realidad. Sin desligarme de mis otras responsabilidades, comencé con mucha fe y ánimo mi proceso para la que es hoy, la primera potencia económica mundial. Sin embargo, las dudas por parte del que ha sido mi mayor apoyo, también llegaron; así es, mi familia tenía miedo de una aventura tan larga, tan lejos y tan – según ellos – aparte de lo mío. Pero, el amor es lo que nos ha mantenido unidos por generaciones, y por supuesto, mi caso no sería la excepción, al final el apoyo total llegó aun cuando no estuvieran 100% de acuerdo con mi decisión.

En cuanto a las oportunidades laborales en ingeniería y con la flexibilidad de tiempo que el master me exigía se complicaron, pero con mucho ánimo encontré ingresos administrando un restaurante de comida rápida mexicana de unos familiares; fueron seis meses de mucho aprendizaje y que me permitieron ahorrar el dinero necesario para suplir ciertos gastos del viaje. Ahora recuerdo que por la diferencia de horario, fue necesario hacer la entrevista con la familia en China allí, pues recibí la videollamada a las 10pm y el local se cerraba hasta las 11pm. A pesar de la jornada corrí al cuarto del personal y con una sonrisa contesté; la química fluyó, las respuestas de las pregustan gustaron e inesperadamente, a los pocos días hice match con esta primera familia (situación que me tomó más tiempo y encuentros para encontrar mi host family en US).

Entonces, la búsqueda del tiquete de ida a Beijing inició junto al proceso de la obtención de mi Visa Estudiantil para este país que cada día me ofrecía algo para sorprenderme. ¡Así me sentí cuando empecé a vivir este sueño! Su muy rica e incomparable comida, la calidez de su gente, la ternura de los niños, su disciplina admirable y agilidad en los negocios, la magia de sus estaciones, su fascinante y profunda cultura, e indudablemente, su singular lengua, música y literatura me tenían fascinada. Una de las mejores anécdotas fue haber llegado a tiempo para compartir Año Nuevo con ellos, pues la ceremonia, colorido y creencia alrededor de esta festividad me cautivó.

Fue en inicio del 2018 cuando aterricé al Aeropuerto Internacional de Pekín y después de una corta espera mientras buscaba en la multitud algún rosto conocido, unos cálidos brazos salieron a mi encuentro, eran los de mi bella y elegante “host mom”.

Para aquel entonces, el frío del invierno se asomaba y en ocasiones, se vestía con la blanca nieve para posar en los tejados curvos típicos de la arquitectura china, o en el riachuelo congelado con los peces dorado-naranja del jardín de la casa que a mí parecer, preferían los pétalos de la sakura o cerezo (flor símbolo para recibir la primavera) que acostumbran a caer allí a finales de Marzo, y que con gran alegría observábamos con la pequeña niña quien a los días de conocerme, se veía feliz compartiendo conmigo, cantando en inglés y por supuesto, aprendiendo a comunicarnos en esta lengua universal. Eso sí, sin dejar de enseñarle palabras exquisitas del Español; como Sumercé, frailejón, Boyacá, libertad, amor, familia, sabor, pasión e incluso, “gooool” XD. Pocos meses después de haberme enamorado de esta niña que me llamaba “sister”, y de una familia encantadora que me acogió con respeto y empatía, visité el Parque Olímpico de Beijing y más tarde, desde las afueras de esta metrópolis vi la imponente Muralla China. Sobra decir, que cuando conocí estos lugares la vista se tornó algo nublada, pues un par de lágrimas con el color de la felicidad rodaron por mis mejillas.

Sin embargo, quiero contarte que a los tres días de cumplir este sueño, el cielo azul de tornó gris y el uso del tapabocas pasó a ser una prenda más de vestir. Las encantadoras sonrisas de la gente se escondían detrás de esa tela y el contacto visual con ellos se volvió algo aburrido. Por supuesto, seguí con esa buena energía latina que me caracteriza, y aun así, mis carcajadas con la mirada al cielo seguían presentes. Hasta un día en que la contaminación en el aire se hizo evidente, y un nudo en la garganta también, empecé a añorar el aire fresco de las mañanas en casa de mi abuela, y el cielo azul que con tan bellos tamices decora el sol allá a lo lejos; en las montañas de los Andes propios de nuestro horizonte Colombiano. Me aterraba un poco pensar en los niños tanto de ese país, al tener que acostumbrarse a respirar lo que sus fábricas y veloz desarrollo les ofrece, como en los de esta tierra Colombiana, en donde se valora tan poco la rica biodiversidad con la que se cuenta y se prefiere invertir más en minería o armas; que en investigación, educación, rescate del patrimonio natural o cultural, y cabe mencionar, en los sueños. Por ello, mi consejo es que después de conocer tu país, sal a conocer otras culturas, para aprender de lo bueno y reflexionar en aquello que tiende a no serlo, para que al regresar empieces a hacer un cambio positivo no sólo a nivel personal o profesional, sino también social. En fin, es muy probable que mientras mi mente indagaba en todo ello, estuviera disfrutando de una rica taza de té, o de un vaso de agua caliente como se acostumbra a beber allí. Al finalizar primavera, apareció una alergia muy incómoda en mi vista que en compañía constante de mi “host family” al doctor, logramos sanar. Sin embargo, sentí que fue una alerta para concentrarme en mi salud, y así regresar a Colombia siendo más consciente del cuidado de mi cuerpo, de mi alimentación, de mi alma y por supuesto, del medio ambiente. Y aunque mis acciones son mínimas (pedir las bebidas sin pitillo, usar bolsas de tela en el supermercado junto a un canasto para el pan o huevos, llevar recipientes de vidrio para comprar mis “nuts” e incluso, alzando cualquier papel que tropieza con mi zapato para mostrarle a la gente inculta cuando deja caer basura a la calle, donde está la caneca) sigo aprendiendo a enseñar con mi ejemplo, y la verdad, ¡se siente muy bien hacerlo! 😉

 

En fin, ¿para qué seguirte describiendo todos los momentos que tuve en Asia, cuando podrías vivirlos? Si estás leyendo esto, es porque el interés para viajar al país que está trabajando en ser en unos años la primera potencia del mundo, ¡ya está! Y aunque quizá, hayan ciertos miedos, dudas o limitaciones frente al cómo llegar allá… Querido lector, para eso se ha creado este espacio, puedes contar con el equipo de laviajerainteligente.com , invertir en nuestro acompañamiento y experiencia, para al final, darnos la alegría de ayudarte a hacer tu sueño una mejor realidad. ¡Gracias por leerme, y me encantaría saber pronto de ti! 😉

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